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15 de marzo de 2011

Si antes de hablar pensáramos y reflexionáramos seriamente lo que vamos a decir antes de hacerlo, seguramente nos guardaríamos muchas de nuestras opiniones.

¿Cuántas veces dije algo sin pensar que quizás alguno de los que me estaba escuchando podía sentirse afectado con mis opiniones?

¿Cuántas veces me sentí mal por escuchar frases que hubiese preferido no escuchar?
Me propongo ser más reflexiva, no más pensante.

No quiero lastimar ni herir a nadie con mis palabras o mi forma de pensar. Y si lo hice pido disculpas.

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