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24 de junio de 2013

Confesiones ...


 

Soy una mujer joven, atractiva, independiente, sexual y dominante, vivo sola y no dependo de ningún hombre que pague mis gastos. 
Me gusta el lujo y el poder y me rodeo de personas que sienten y buscan lo mismo que yo. Sin embargo desde hace unos años comprendí que algo faltaba en mi vida.

Hombres no me han faltado, he tenido tantos amantes que de algunos ya ni siquiera recuerdo sus nombres.

Algunos fueron grandes amores, otros grandes maestros en el sexo y otros que pasaron sin pena ni gloria. Siempre me atrajeron los hombres inteligentes y recios.
Ese tipo de hombre que los rodea un aura de poder y casi siempre fueron los mejores amantes.

El poder me excita, me seduce.

También aprendí que los más atractivos no siempre son los que mejor te tratan porque están tan pagados de si mismos que solo buscan su propio placer.

Entendí que recio no es sinónimo de maltrato. No me gusta el maltrato pero si los juegos.

Quizás por todo esto nunca me sentí atraída por un hombre débil, ese tipo de hombre solo consigue aburrirme y sacarme de quicio.
Eso no significa que no probé salir con uno, pero como todo, al principio fue divertido dirigir la vida del otro pero pasado un tiempo queres escuchar algo más que "lo que vos quieras mi amor".

Con el paso de los años comprendí que el sexo vainilla me atrae solo un poco. Indefectiblemente necesito el juego, el morbo, la sensación de no saber que va a ocurrir luego.
 

Los hombres simples me aburren, me tienen sin cuidado ni siquiera los observo. En cambio los hombres dominantes me fascinan, me hacen sentir más mujer, más deseada. En ellos encuentro un rival digno ante el cual no tengo problemas de ceder el poder en el sexo.

No busco a alguien que maneje mi vida, eso lo hago yo y muy bien... solo busco a un hombre que le guste jugar y quede vez en cuando le guste ceder el control en la cama.

Hace unos años conocí a un hombre que me marcó y cambió mi modo de ver el sexo, poco a poco me fue introduciendo en los juegos de dominación y sumisión.
Nunca lo llamé Amo porque no teníamos ese tipo de relación, pero si fue mi Señor cuando jugábamos y planificábamos las escenas.
Con el paso del tiempo ya no planificábamos las escenas, quizás porque él se había ganado mi confianza.  Aprendí que el dolor puede mezclarse con el deseo y llevarte a un lugar mucho más alto que lo soñado. (Los mejores orgasmos de mi vida los tuve con él).
 
Por razones que no vienen al caso nuestra relación llegó a su fin pero a partir de ese día comprendí que el sexo vainilla ya no tenía cabida en mi vida, gracias a él conocí un mundo fascinante del cual hoy formo parte ...

 
 

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