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12 de octubre de 2008

EL Remanso


Definitivamente necesitaba unas vacaciones, estaba totalmente estresada y obviamente mi cabeza necesitaba un descanso. Tantas horas de trabajo, habían repercutido en todos los ámbitos de mi vida. Ya no me veía con mi familia, ni con mis amigos y ni hablar de los hombres… ya había perdido la cuenta del tiempo que no estaba con uno.-
Hacia meses que había cambiado a los hombres por mí trabajo. Es que ya no tenia ganas de salir y caretear por ahí en busca de sexo. Estaba cansada. Ni siquiera hacia uso de esos maravillosos juguetes que había ido atesorando con el tiempo. Creo que esto fue uno de los primeros indicios de necesitar vacaciones!
Fui a mi escritorio, abrí el cajón saque un atado de cigarrillos que guardo para estas ocasiones (todos los días digo que voy a dejar de fumar) y prendí uno.- Abrí mi notebook y entre en google. Fui al buscador y escribí “escapadas + fin de semana” y le di enter.
A los pocos segundos cientos de páginas comenzaron a bailar frente a mis ojos… Escapadas a la playa….mmm, no – Demasiado romántico, pensé Spa… todo un fin de semana?? No Y así seguí descartando lugares hasta que una foto llamó mi atención.
Era la foto del casco de una estancia. El lugar me dejo sin aliento. Mientras miraba la foto, sentí que conocía ese lugar, fue una sensación muy bizarra, pero algo en mi mente me decía que yo ya había estado en ese lugar. Continúe mirando el resto de las demás fotos que aparecían en la página. Era un lugar de ensueño. No lo dudé más busque el nro. de teléfono y llamé para hacer una reserva. Mientras esperaba que me atendieran vi el nombre del lugar: “El Remanso”
A los pocos minutos una mujer contestó, me presenté y le pregunté si tenía alguna habitación disponible para el próximo fin de semana. - Está Ud. con suerte, me dijo. Tenemos una habitación libre. Le di mis datos, los datos de mi tarjeta y corte.-
Estaba excitadísima. Salí corriendo hacia mi dormitorio, abrí el placard y saque un par de jeans, unas remaras y unas zapatillas. Fui hasta un cajón y saque un par de conjuntos de lencería. Tome mi neceser y ya estaba lista.
Llame a mis viejos para decirles q viajaba, como no los encontré les deje un mensaje. Tome mi cartera, el bolso y las llaves del auto y partí hacia El Remanso. Tome el ascensor, baje hasta el garaje, guarde la valija en el auto y me puse en marcha. Por suerte la autopista no estaba cargada y llegué en 2 horas.
Cuando vi por primea vez la estancia me quede obnubilada, las fotos no le hacían justicia. El jardín parecía salido de una pintura, sus colores inundaban todo, respire profundamente y me llegaron diferentes aromas, el olor de las flores, de los eucaliptos, de la tierra… me sentí tan pequeña frente a tanta belleza.
La casa era estilo colonial de una planta. Mientras observaba el paisaje vi que la puerta se abría, del interior salió un hombre, no pude verlo bien pq el sol le daba en la cara, pero vi que era muy alto y corpulento. El sol no me permitía verlo bien, fui acercándome lentamente y ahí lo vi.
Alto. Morocho. Ojos oscuros, casi negros, nariz aguileña, su boca era grande, el labio superior era un poco más abultado que el inferior y en la barbilla tenía como una hendidura, una especie de hoyuelo.
Cuando llegué hasta él no podía respirar, lo miré por primera vez a los ojos, él estaba recorriendo con su mirada mi cuerpo, me sentí desnuda tras esa mirada. Después de observarme bien, me miró a los ojos y sonriendo se presentó:
- Buenas tardes, espero que hayas tenido un buen viaje. Mi nombre es Emiliano. Bienvenida al Remanso – dijo con voz de barítono.
- Buenas tardes. Si gracias, el viaje estuvo bien, no había mucho tráfico.
- Es la época del año. No solemos recibir turistas en esta época, por eso las rutas están despejadas.
- Pero yo hable con una mujer y me reservó una habitación – estaba a punto de ponerme a gritar como una desaforada cuando el me interrumpió
- Lo sé, lo que quise decir, es que tenés todas las instalaciones para vos. Sos nuestro único huésped durante este fin de semana. Todos estamos para… servirte y sonrió.-
- Cuando lo escuche mi cuerpo se calentó, solo pensaba en llevármelo al establo que había visto al llegar para que me sirviera como un semental sirve a las yeguas.- No podía creer que tuviese esos pensamientos con un tipo q recién conocía, inconscientemente busque el establo, él siguió mi mirada y me preguntó si sabia montar.
- No se que bicho me pico pero decidí jugarme: A caballo? … No – le respondí.